Como dije en la entrada anterior, este fin de semana lo pasé en un hotel rural al lado de la playa de las catedrales, entre Ribadeo y Foz.
El viaje fue muy sencillo. Están terminando de construir la autovía que atravesará todo el norte y comunicará, por fin, todo el cantábrico mediante carreteras decentes. Los accesos son buenos y hay indicadores a prueba de tontos. Se nota que es una de las playas más visitadas de toda Europa.
Lo primero que hicimos fue pasar por el hotel, una casa de 3 pisos con un jardincito y rodeada de fincas. Fuera había un aparcamiento gratuito para los clientes, columpios para los niños y mesas para sentarse. En la planta baja se encontraba el salón, con sofás y revistas, abierto hasta medianoche. En el primer piso, además de habitaciones, estaba la cafetería, con una pared de cristal para poder desayunar admirando el paisaje. Nuesta habitación era una de las del piso superior, con una terracita en la que se podía tomar el sol tranquilamente, y con vistas al mar y a todas las fincas que nos rodeaban, pero lo peculiar de este hotel es que cada una de sus habitaciones está decorada inspirándose en una película. Nos tocó “El amante”, película que no conozco, pero que era la única libre (llamamos con 4 días de antelación). Por las fotos que vi en su página web yo me habría quedado con la de Amelie, pero bueno, de todos modos me gustó mucho y, sobre todo, me gustó la wifi gratuita desde la que probé a subir una foto a twitter xDDD.
Después de comer unos bocadillos nos acercamos hasta la playa. Nos habíamos informado de la hora a la que estaría más baja la marea, ya que sólo entonces se pueden visitar las impresionantes columnas y cuevas, y llegamos en el momento justo, así que nos unimos al montón de turistas que ya había.
La playa es digna de ver. Debido a su composición, las rocas de toda esta costa se parten como en capas y en esta playa, con el paso del tiempo, el mar las ha ido esculpiendo en forma de arcos. De ahí el nombre. Hacia un lado vemos como la costa se abrió formando un pasillito de arena entre rocas, mientras que si vamos hacia el otro, empezamos a encontrarnos pequeñas cuevas a lo largo de la pared. Más adelante vemos como una de estas cuevas no es tal, sino que al entrar aparecemos en un espacio de arena abierto rodeado de arcos de piedra y más cuevas. Y así, arco tras arco, llegamos al final de la playa. Para entenderme, lo mejor es ver las fotos que subí a mi cuenta de Flickr.
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